
Cala Macarella
Sobre esta cala
Considerada de forma unánime como una de las joyas más preciadas del mar Mediterráneo, esta idílica bahía es la postal por excelencia de la costa sur de la isla y un símbolo indiscutible del patrimonio natural balear. Ubicada en el término municipal de Ciutadella, representa el arquetipo perfecto de cala virgen menorquina, donde la arena fina y blanca se funde con un agua de un azul turquesa tan intenso y cristalino que las embarcaciones fondeadas parecen flotar en el aire. Su relevancia trasciende la simple belleza estética; es un ecosistema protegido que ejemplifica el equilibrio entre el disfrute humano y la conservación del medio ambiente. Para muchos viajeros, pisar su fina arena es el motivo principal de su visita a Menorca, convirtiéndola en una de las playas más fotografiadas y deseadas de toda Europa. El entorno natural y el paisaje que envuelven este tramo de litoral son sencillamente sobrecogedores. La playa se encuentra al final del Barranc de Macarella, un profundo desfiladero de origen kárstico que desemboca directamente en el mar. Está flanqueada por imponentes acantilados de roca caliza, los cuales se erigen como muros protectores tapizados por un frondoso bosque de pinos mediterráneos y encinas que se asoman hasta la mismísima orilla. Esta barrera natural resguarda la playa de los vientos del norte, manteniendo sus aguas serenas en la mayoría de las ocasiones. Bajo la superficie, la clave de ese asombroso color turquesa reside en las extensas praderas de posidonia oceánica, una planta marina endémica del Mediterráneo que oxigena y purifica el agua, creando un hábitat rico y biodiverso. La conjunción de la roca escarpada, el verde intenso de los pinares, la blancura deslumbrante de la arena y las tonalidades aguamarina del mar componen un lienzo que cautiva los sentidos desde el primer instante. La historia y las curiosidades de este rincón menorquín añaden un valor incalculable a la experiencia de visitarlo. Aunque hoy la conocemos como un paraíso terrenal para el turismo, los escarpados barrancos que la rodean albergan numerosas cuevas naturales, algunas de las cuales fueron utilizadas como necrópolis y refugios por la cultura talayótica, los primeros pobladores prehistóricos de las islas. Durante siglos, este lugar permaneció aislado, frecuentado únicamente por pastores, pescadores y contrabandistas que aprovechaban sus aguas tranquilas y escondidas. En la historia contemporánea, su salto a la fama internacional se consolidó hace más de una década cuando fue el escenario principal de un icónico anuncio publicitario de cerveza de la campaña Mediterráneamente, lo que disparó su popularidad a niveles estratosféricos. Otra curiosidad fascinante es que las tierras que rodean la zona pertenecen históricamente a familias nobles de Ciutadella, quienes, a través de acuerdos de custodia del territorio, han permitido mantener el paraje libre de grandes construcciones hoteleras, preservando su espíritu salvaje. Al planificar qué ver y hacer en este espectacular enclave, la actividad estrella es, sin duda, sumergirse en sus aguas. El snorkel aquí es de primer nivel, especialmente bordeando los acantilados laterales donde los fondos rocosos sirven de refugio a sargos, doncellas, estrellas de mar y pulpos. Pero la experiencia no estaría completa sin realizar la breve pero espectacular excursión a su hermana pequeña, Cala Macarelleta. El trayecto se realiza a través del histórico Camí de Cavalls, un sendero ancestral que bordea toda la isla. Este breve paseo, que apenas dura unos quince minutos a pie entre las rocas y los pinos, regala los miradores naturales más espectaculares de la bahía, donde tomar las fotografías panorámicas que copan las portadas de las revistas de viajes. Una vez en Macarelleta, el visitante encuentra una cala aún más diminuta e íntima, tradicionalmente conocida por ser un espacio donde el nudismo está plenamente aceptado y extendido. Además, los senderistas más experimentados pueden continuar la ruta hacia otras playas cercanas como Cala Turqueta o Cala Galdana. Saber cómo llegar y conocer las normativas de acceso es vital, ya que la masificación ha obligado a las autoridades a establecer regulaciones estrictas para proteger este frágil entorno. Durante la temporada alta, que suele abarcar desde principios de junio hasta finales de septiembre, el acceso en vehículo privado está totalmente restringido. Para llegar, es imprescindible utilizar el servicio de autobuses lanzadera que parte desde Ciutadella, concretamente desde la Vía Perimetral, para el cual se recomienda reservar el billete con antelación por internet debido a la alta demanda. Fuera de estos meses de restricción, se puede acceder en coche privado a través de un estrecho camino rural bordeado por las típicas paredes de piedra en seco menorquinas, llegando a dos aparcamientos: uno de pago más cercano, a unos cinco minutos a pie, y otro público gratuito situado a unos quince minutos caminando entre el bosque. La alternativa más aventurera y ecológica, válida todo el año, es llegar a pie desde la urbanización de Cala Galdana, un precioso recorrido de senderismo de unos cuarenta y cinco minutos bajo la sombra de los pinos siguiendo las marcas rojas y blancas del Camí de Cavalls. A pesar de su naturaleza virgen, cuenta con servicios cercanos que facilitan enormemente la estancia, logrando un equilibrio perfecto entre comodidad y preservación. El más célebre de todos es el mítico Chiringuito Susy, también conocido como Cafetería Susy. Establecido hace décadas a la sombra de la pineda, mucho antes del actual boom turístico, este acogedor establecimiento de gestión familiar es toda una institución local. Allí se puede disfrutar desde un café matutino hasta completas comidas a base de ensaladas, carnes, calamares y arroces, sin olvidar los helados y refrescos para sobrellevar el calor estival. Además de la oferta gastronómica, en las inmediaciones del bar se disponen duchas, baños públicos e incluso mesas de picnic bajo los árboles, ideales para quienes prefieren llevar su propia comida. Durante los meses de verano, la playa también cuenta con un servicio regular de socorrismo, garantizando la seguridad de los bañistas. Para exprimir al máximo la visita, los consejos prácticos son esenciales, empezando por la elección de la mejor época y hora. Los meses ideales para disfrutar del entorno en su máximo esplendor, esquivando las multitudes asfixiantes, son sin duda mayo, la primera quincena de junio, finales de septiembre y el mes de octubre. Durante estos períodos, el agua mantiene una temperatura agradable y el silencio vuelve a adueñarse del barranco. Si la visita se realiza en pleno verano, la recomendación absoluta es llegar a primera hora de la mañana, antes de las nueve, para conseguir un buen rincón en la arena y admirar la tranquilidad del mar amaneciendo, o bien a última hora de la tarde, a partir de las seis, cuando la luz dorada del sol bañando los acantilados crea una atmósfera mágica y la gran mayoría de los visitantes ya han emprendido el viaje de regreso. No olvides llevar un buen calzado si planeas caminar por los senderos, suficiente protección solar biodegradable para no dañar la fauna marina, y una botella de agua reutilizable. Ante todo, el respeto absoluto por el entorno es la regla de oro: llévate siempre tu basura, no te lleves arena ni piedras a casa, y contribuye a que este santuario mediterráneo siga deslumbrando a las generaciones futuras con la misma intensidad que lo hace hoy.
Características
Galería


Entorno natural
- Tipo de fondo
- Arena blanca fina
- Ambiente
- Mixta
- Masificación
- Alta
Mejor momento para visitar
- Mejor época
- Mayo a Octubre
Ubicación
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